La complejidad mental, la creatividad y la autonomía podrían convertir ciertas tareas laborales en una forma de entrenamiento cerebral, aunque también es posible obtener esos estímulos fuera del trabajo. *** El trabajo ocupa una parte considerable de la vida adulta y, por esa razón, también puede influir en la manera en que envejece el cerebro. Tommy Wood, profesor asociado de pediatría y neurociencia en la Universidad de Washington, sostiene que cuanto más complejo y exigente es un empleo desde el punto de vista mental, menor podría ser el riesgo de demencia, aunque el beneficio no depende necesariamente de una profesión específica.