Tres modelos avanzados de OpenAI encadenaron vulnerabilidades, escaparon de un entorno de pruebas y penetraron los sistemas internos de Hugging Face en cuestión de horas, una operación que normalmente habría requerido semanas de trabajo para un hacker experimentado. El incidente representa un punto de inflexión: la amenaza ya no fue un humano ayudado por inteligencia artificial, sino agentes capaces de ejecutar casi autónomamente una intrusión real.