Un ensayo de Owen McGrann plantea una tesis incómoda sobre el auge de la inteligencia artificial: si las empresas sustituyen trabajadores para elevar márgenes y valor bursátil, podrían destruir al mismo tiempo la demanda que sostiene a la economía. El argumento va más allá del empleo y apunta a una posible erosión de la base fiscal, la negociación laboral y la propia estabilidad democrática. ***